SeeStan ChapLee

Monday, January 18, 2016

A lion-hearted, horse-winged Renaissance Spanish poet

Alaba, oh alma, a Dios: Señor, tu alteza
¿Qué lengua hay que la cuente?
Vestido estás de gloria y de belleza
Y luz resplandeciente.

Encima de los cielos desplegados
Al agua disto asiento;
Las nubes son tu carro, tus alados
Caballos son el viento;

Son fuego abrasador tus mensajeros,
Y trueno, y torbellino:
Las tierras sobre asientos duraderos
Mantienes de contino.

Las mares las cubrían de primero
Por cima los collados;
Mas, visto de tu voz el trueno fiero,
Huyeron espantados.

Y luego los subidos montes crecen,
Humíllanse los valles,
Si ya entre sí hinchados se embravecen,
No pasarán las calles.

Las calles, que les diste, y los linderos,
Ni anegarán las tierras;
Descubres minas de agua en los oteros,
Y corre entre las sierras;

El gamo, y las salvajes alimañas
Allí la sed quebrantan;
Las aves nadadoras allí bañas,
Y por las ramas cantan.

Con lluvia el monte riegas de tus cumbres,
Y das hartura al llano:
Ansí das heno al buey, y mil legumbres
Para el servicio humano.

Ansí se espiga el trigo, y la vid crece
Para nuestra alegría:
La verde oliva ansí nos resplandece,
Y el pan de valentía.

De allí se viste el bosque y la arboleda,
Y el cedro soberano.
A donde anida la ave, a donde enreda
Su cámara el milano.

Los riscos a los corzos dan guarida,
Al conejo la peña;
Por ti nos mira el sol, y su lucida
Hermana nos enseña

Los tiempos. Tú nos das la noche oscura,
En que salen las fieras;
El tigre, que ración con hambre dura
Te pide, y voces fieras.

Despiertas el aurora, y de consuno
Se van a sus moradas.
Da el hombre a su labor sin miedo alguno
Las horas situadas.

¡Cuan nobles son tus hechos, y cuan lleno
De tu sabiduría!
Pues ¿quién dirá el gran mar, sus anchos senos
Y cuántos peces cría?

¿Las naves que en el corren, la espantable
Ballena que le azota?
Sustento esperan todos, saludable
De ti, que el bien no agota.

Tomamos, si tú das; tu larga mano
Nos deja satisfechos.
Si huyes, desfallece el ser liviano,
Quedamos polvo hechos.

Mas tornará tu soplo, y renovado
Repararás el mundo.
Será sin fin tu gloria, y Tú, alabado
De todos sin segundo.

Tú que los montes ardes, si los tocas,
Y al suelo das temblores.
Cien vidas que tuviera, y cien mil bocas
Dedico a tus loores.

Mi voz te agradará, y a mí este oficio.
Será mi gran contento.
No se verá en la tierra maleficio.
Ni tirano sangriento.
Sepultará el olvido su memoria:
Tú, alma, a Dios da gloria.

By Fray Luis de León (1574-5), from Psalm 104. This was no harmless pastime: A highly esteemed university professor, a father of Spanish literature, a subtle theologian, and the son of a Jewish woman, Fr. Luis was jailed and taken to trial -- but finally acquitted -- by the 'frightening' Spanish Inquisition because he 'dared' to read the Bible in the original languages, Hebrew and Greek, and 'even' translate parts of it into Castilian.